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El Poder del fracaso

27.02.2017

“¿Quién se propone ser usted los siguientes años, a pesar de las pruebas y de las tribulaciones inevitables de la vida? Esto requiere la capacidad de ignorar las distracciones, y de mantener el propósito de manera perdurable”. Ps. Scott Barry

La neurocientífica Sonia Lupien experta en estrés, afirma que nuestro cerebro es en realidad un órgano experto detector de situaciones amenazantes, es decir, trabaja arduamente para detectar cualquier situación que implique que estamos en peligro y ya no es el relacionado con la supervivencia como hace miles de siglos porque no hay mamuts a la vista, ahora son otros tipos de amenazas presentes en nuestro entorno o al menos nosotros las interpretamos como tales, sin embargo, a pesar que son diferentes, la respuesta del cerebro sigue siendo como si estuviéramos frente a un mamut, dar la orden para que se genere grandes cantidades de cortisol y adrenalina en sangre para que el organismo entre en estado de defensa y se prepare para la huida. Este es el mecanismo de generación del famoso estrés.  Sonia Lupien puntualiza además que existen cuatro características que ocasionan el estrés en las personas:

  1. Las situaciones novedosas.
  2. Las situaciones impredecibles que nos producen incertidumbre
  3. No controlar la situación y
  4. Toda situación que percibamos como amenaza para nuestra personalidad.

Por el contrario, todas las situaciones que percibimos como satisfactorias, que nos dan bienestar, éxtasis, felicidad, tienen el poder de liberar en sangre las llamadas hormonas del placer, dopamina, serotonina y endorfinas. Este planteamiento nos explica el motivo por el cual nuestra especie de manera natural busca incesantemente situaciones que nos generen placer, felicidad, otras relacionadas y por el contrario evitemos toda situación que nos genere la sensación de displacer, traducida en dolor, frustración, sufrimiento, amargura, pérdida y otras tantas que generan estas sensaciones. Es momento de preguntarnos, ¿Podemos los seres humanos evitar las sensaciones de displacer? No, es condición de vida, vivir implica tanto las unas como las otras, sin embargo, nuestra especie busca a través de todo mecanismo psicológico y social evitarlas, tanto que hemos creado confort con este fin de evitación del  displacer en cualquiera de sus expresiones e intentamos mantener el placer de manera perdurable. Tal afirmación no significa que esto sea negativo, sino fuera así, aún estaríamos viviendo en cavernas, así que lo importante es que no debemos gastar nuestra energía centrándonos en la evitación de una condición humana, porque nos sometemos a un nivel tan alto de exigencia que vamos a terminar por cumplir los pronósticos de la OMS, que predice que para el 2020 el diestrés (estrés crónico) será la segunda causa de invalidez por depresión.

Hoy la sociedad nos impone el éxito (máxima expresión de satisfacción, felicidad, éxtasis, etc.), pareciera que no tenemos opción a experimentar la otra polaridad de la vida humana, como si ésta no fuera parte de nosotros, la vivimos negando, más aun en sociedades como Hispanoamérica donde somos poco tolerantes con el error, por aquello de la “perfección humana” de tal manera, que hemos terminado por estigmatizar el fracaso como una de las peores amenazas o el más grande de los mamut, rechazamos todo lo que implique fracaso o error, sin darnos cuenta que estamos cayendo en una trampa mortal, creada por nosotros mismos y obviamente no nos deja avanzar como podríamos hacerlo o en comparación con otras sociedades más avanzadas, en las que hay más tolerancia al fracaso y por cultura lo han integrado como parte de esa condición humana y social.

Sonia Lupien expone que la mejor manera para enfrentar el estrés es conocer sus cuatro características, crear un “plan B” y preguntarse qué podemos hacer para que esto que percibo o interpreto como amenaza sea menos amenazante para mí. Si nos preguntamos cómo podemos hacer para que el fracaso sea menos amenazante y lo podamos gestionar eficazmente, la respuesta sería, aprender a conocerlo y si quieres conocer algo muy de cerca debes relacionarte con ese algo, es algo así como… “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Así que el fracaso tiene el poder de:

  1. Derrotarte ó
  2. Fortalecerte

El mamut llamado “fracaso” te derrotará cuando te toma por sorpresa, te deja en la incertidumbre, no lo puedes controlar y le permites que arrase con tu personalidad, por tanto, es mejor siempre tener el plan “B”. Cada acción que ejecutamos en la vida tiene la probabilidad de éxito o fracaso no podemos controlar el cien por ciento de las probabilidades, sin embargo, podemos prepararnos para enfrentarlas y con ello, aumentar la probabilidad de éxito y disminuir la de fracaso. Está demostrado que en la medida que te prepares podrás lograrlo y el fracaso será motivo de fortalecimiento, te dará más fuerza de voluntad para avanzar. ¿Cómo podemos prepararnos para el fracaso y salir fortalecidos?

  1. Desaprende las creencias que estigmatizan al fracaso y aprende a aceptar éste como parte de la vida y de ti, esto nos permite también aprender que somos tan fuertes como vulnerables. Sería bueno aprender esto último desde la infancia, hay que educar permitiendo a nuestros hijos la frustración y estimulando su capacidad para superarla. Si logramos educar en ello, a futuro encontraremos organizaciones y sociedades tolerantes con el error, que estimularán más los procesos de innovación, creatividad, humanización.
  2. Fomentemos los valores de autenticidad y coraje en nuestra vida: Los psicólogos han demostrado en los estudios, que cuanto más eres capaz de conectar contigo mismo lo que significa vivir comportándote de acuerdo a tus creencias, valores y utilices menos máscaras ante la sociedad, tú experiencia será más auténtica, tendrá más sentido, será más satisfactoria, te sentirás más competente, estarás abierto a nuevas experiencias y tendrás más armonía con tu entorno porque tu mundo se te hace más comprensible, más manejable y significativo. Lograr esto, implica que tu coraje aumenta pues es directamente proporcional, tu voluntad se fortalece y si lo unes a un propósito con sentido, serás el más fuerte frente todo impedimento que encuentres a tu paso.
  3. Aprende a controlar y gestionar tus emociones, es decir, a tú cerebro. Somos esclavos de nuestras emociones, nos gobiernan. El cerebro como hemos visto es un experto en monitorear e identificar amenazas, está preparado biológicamente para eso, así que el mayor triunfo que podemos lograr es sobre nosotros mismos y en realidad es sobre nuestro cerebro y más concretamente sobre la amígdala. Para eso se requiere autoconocimiento, consciencia de quién eres, qué quieres, hacia dónde quieres y necesitas ir, mantenerte en el presente, gestionar tu relación con el entorno de manera más positiva, menos amenazante.
  4. Aprende a soltar. Estamos más preparados psicológiccamente, para retener, controlar, ser poseedores de la razón y de cuanto hace parte de nuestro mundo, al menos pasamos intentándolo. Aprendemos a soltar, cuando logramos ser conscientes de que sólo podemos controlarnos a nosotros, a nuestros pensamientos a nuestras emociones, a nuestra conducta, para lo cual, debes cumplir el punto anterior (3). Nada externo a nosotros está bajo nuestro control, podemos influir pero no controlar y mucho menos ejercer control sobre pasado o el futuro porque no existen.
  5. Aprende a salir de tu zona de confort. Salir de tu comodidad, de lo que ya sabes y tienes muy aprendido, estimula tu capacidad para superar la frustración, te exige cambiar hábitos, creencias, costumbres y darte cuenta que tienes más capacidades de las que pudiste imaginar. El cambio te exige buscar nuevamente el equilibrio (ampliar tu zona de confort) para poder satisfacer tus necesidades, así que necesitamos dosis de frustración para aumentar nuestra resistencia, aprender y descubrir de lo que somos capaces.
  6. Equilibra tus demandas con tus capacidades. La gente feliz dice Sonia Lupien se pone metas, objetivos pequeños consecuente con su capacidad, conocen muy bien cuando sus demandas los superan y son capaces de parar cuando lo deben hacer. Sin embargo la mayoría de nosotros nos ponemos unos estándares tan altos que nos sometemos a grandes frustraciones, creamos unos desbalances o brechas exageradas entre nuestras capacidades, nuestras metas y objetivos exponiéndonos en muchas ocasiones a fracasos estrepitosos de los cuales hay ocasiones en que no podemos levantarnos ni aunque tengamos las mayores de las voluntades. Para eso lo mejor es ir de menos a más en cada propósito que nos coloquemos y conocer muy bien nuestras capacidades. Ninguna gran empresa inicia por arriba, aquí aplica, “jamás inicies la casa por el tejado”.
  7. Establece un objetivo, lo que es lo mismo, ten claridad hacia dónde quieres y necesitas ir para dar sentido a lo que haces, sino el fracaso te destrozará a la primera, porque el camino para llegar es largo. No me preguntes por qué, pero así es y para llegar hasta lograrlo, te sugiero trabajar en los seis puntos anteriores.
  8. Aprende a gestionar la incertidumbre. Tiene que ver con no aferrarte excesivamente a las cosas, personas, situaciones. Lo más seguro en el mundo de hoy es el cambio, así que es bueno aprender a soltar, aprender a ser y actuar de manera más flexible, dejar los absolutismos, aprender a que las cosas tienen matices diferentes, ni son blancas del todo, ni son negras del todo. Esta frase de Darwin permanece vigente, sin ser absoluta “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

El poder del fracaso para derrotarnos o fortalecernos se lo concedemos nosotros mismos, lo uno o lo otro depende de que aprendamos a vivir más desde nuestra propia humanidad y eso significa aprender a transitar por los dos polos “normales” de la vida, el éxito y el fracaso, la fortaleza y la vulnerabilidad.

Foto: Pixabay

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