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Cómo dejar a tu pareja: La ruptura sentimental en siete puntos.

22.03.2016

Como ya adelantamos ayer, uno de los problemas habituales a tratar en psicoterapia son los pensamientos automáticos negativos y las distorsiones cognitivas que subyacen a éstos. Se trata de pensamientos que aparecen de forma automática y tienen un carácter catastrofista,  generan un estado de rumiación en el que la persona se siente mal y no acierta a parar esa sensación, generalmente porque tampoco es consciente de que ha empezado en un infundado.

“pienso esto… luego debe ser cierto”

Reconocer en que momento aparecen y cuáles son sus características es el primer paso para hacerles frente, ya sea racionalizándolos (discutiéndolos) para llegar a conclusiones veraces, o bien para tener la posibilidad de detenerlos y hacer caso omiso de los mismos. Se trata de acabar con esa vocecita interior (a la que en muchas ocasiones ponemos nombre en terapia: el enano coñón, la zorra bastarda, la asquerosa… para generar distancia entre ese pensamiento y lo que soy y sucede realmente) es esa parte de nosotros que se presenta en forma de :

  • – deberías haber hecho esto y no aquello…
  • – y si pasase lo peor…
  • – siempre, nunca, todo o nada…

A veces son generalidades en las que casi todos caemos alguna vez, como ponernos en lo peor  cuando nos hacen un análisis médico a nosotros o a un familiar o repasar todas las posibilidades de rechazo cuando nos vamos a declarar a alguien que nos gusta… y en otras ocasiones responden a pensamientos y distorsiones más personales, por ejemplo:

Una persona que acaba de terminar su primer proyecto en su nuevo  empleo, lo entrega a su superior  y éste le explica: “Algunos aspectos de la campaña son poco precisos y debes perfeccionar más tu lenguaje técnico” , acto seguido el trabajador piensa:” no le ha gustado! me ha criticado, lo he hecho fatal… seguro que ahora lo va a mirar todo con lupa, veremos a ver si ésto no me cuesta el puesto… y eso que le puesto todo mi empeño, ¡Uf! tal y como está la cosa!! no estoy para meter la pata ¡tengo una familia que sacar adelante!

A este pensamiento le sigue un inevitable sentimiento de malestar y angustia que abarca el trabajo y su valía para el puesto, pero también la familia y la situación futura.

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