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Ya no puedo, ni aguanto más.

20.07.2016

Creo firmemente que una de las razones del sufrimiento humano hoy en día tiene que ver con la imposición social relacionada con la frase,  “hay que ser exitosos, no podemos ni debemos fracasar, no hay derecho a ello”. Es una frase que no aparece en la prensa todos los días aparentemente, pero a cada paso que damos y en cada lugar que transitamos está insertada de manera subliminal y eso quiere decir, que aun cuando no percibimos conscientemente ese mensaje, sí está y nuestro cerebro a través de los sentidos lo capta y lo guarda, aunque no nos demos cuenta. Cuando te topas con mensajes de tu jefe que te pide resultados sin errores, cuando se espera y se te pide que seas la mejor madre, el mejor profesional, la mejor persona, el mejor empleado, el mejor hijo, que despliegues tu talento, todo sin errores,  estamos recibiendo ese mensaje y lo peor, nuestro cerebro que lo ha guardado se automatiza y nos pone todo el tiempo a la búsqueda de alcanzar esos altos estándares. Sin darnos cuenta, nos dejamos sumergir en ellos y muchas ocasiones entramos en un callejón sin salida compitiendo incluso con nosotros mismos con tal de lograr reconocimiento, aceptación y dinero.

No lograr lo que la sociedad nos exige, nos supone un fracaso que puede terminar expresándose en forma de sufrimiento y hasta depresión. Es cuando dices o piensas “ya no puedo, ni aguanto más…”.  Es el momento en que las personas entran a lo que yo le llamo el bucle del sufrimiento, haces y haces y no logras salir del mismo sitio. Por ejemplo, buscas empleo y nada que lo consigues, buscas pareja y nada que  puedes estabilizarte con nadie, trabajas y trabajas obteniendo los mismos resultados, nada relacionados con lo que quieres o necesitas, intentas ser buen padre y a la postre tus hijos no son los que tú quieres o esperas, te esfuerzas tanto, entrando en un agotamiento físico, mental y emocional que te desbasta sintiendo finalmente un gran vacío que parece no terminar y entonces sigues ejecutando las mismas acciones, con las mismas creencias y nada cambia, allí es cuando se necesita ser resiliente.

Ser resiliente no tiene que ver con la capacidad para “aguantar” o “soportar” situaciones difíciles en la vida sin término. En realidad el concepto se aplica expresamente, a la capacidad para superar situaciones difíciles que nos causan dolor y sufrimiento. El término “superar” significa salir de esas situaciones, avanzar, cambiando esa vida de dolor por una vida de satisfacción y eso implica, hacer lo que hay que hacer para lograr ese cambio y condición diferente. La pregunta es ¿Qué debo hacer para ser resiliente? No existe una fórmula mágica, son múltiples los factores que intervienen desde lo genético hasta el aprendizaje, lo cierto es que puedo aprender a ser resiliente y definitivamente es una característica personal que necesitamos poseer para enfrentar el mundo y no caer en la frustración, insatisfacción, depresión, infelicidad.

A través de mi vida y esto lo digo por experiencia, verifico que una de las características que me ha permitido salir de situaciones muy difíciles y dolorosas es la conciencia plena de que eso no me hacía feliz y por tanto, no me merecía estar en esa situación, adicionalmente y muy importante, yo era la única que podía hacer por mí y con base en ello, de manera determinada (irrenunciable) buscaba los medios para cambiar la situación, es decir afloraba mi resiliencia y así mismo, ese “buscar los medios” se convertía en mi objetivo y me aferraba a ello firmemente. Todos los días abría mis ojos y pensaba en ello insistentemente y algo hacía ese día en post de eso que quería lograr, hasta conseguirlo.

Está claro que la resiliencia no es lo único que te garantiza lograr lo que debes lograr para cambiar la situación, otro concepto importante y que no es sinónimo de resiliencia desde mi opinión, es la fortaleza. No podemos ser resilientes si primero no somos fuertes y eso quiere decir mantenernos sin desmoronarnos frente a la adversidad, tener la capacidad de sufrir sin aniquilarte, para lo cual necesitamos tener muy claro cuáles son las creencias y valores que me mueven o me llevan a la acción, porque de ello depende la energía mental y emocional que me permitirá mantenerme de pié, para luego sí hacer lo necesario para cambiar la situación, es decir ser resiliente. En mis situaciones dolorosas por supuesto que sufría, pero no me dejaba caer, me levantaba todos los días.

El temple es otra característica necesaria para superar las situaciones difíciles, y se refiere a la serenidad que se requiere para enfrentar la adversidad o el sufrimiento, así también la valentía que es la fuerza de voluntad que se necesita para ir a la acción y a pesar de sentir miedo e incertidumbre hacer lo necesario para alcanzar lo que se quiere y/o necesita.

Es importante tener en cuenta que lo primero que nos ayudará para disminuir nuestro sufrimiento, es el aprender a vivir cada vez más sin los deberías sociales o incluso personales que se nos impone o nos imponemos, como obligación. La oportunidad está en vivir día a día más en el “yo soy” y no en el “yo debería ser” o peor aún, “yo debería tener”. El yo soy nos permite acercarnos más a nuestra humanidad, es decir a nuestra debilidad, esa que nos deja ver que cometemos errores con frecuencia, que estamos expuestos al sufrimiento, al dolor a la pérdida y que también como parte de ser humano somos capaces de ser fuertes, resilientes, valientes con temple para superar el obstáculo, sufrimiento o dolor. Así que el éxito no está en siempre alcanzar el objetivo con cero errores o ser el mejor, el éxito radica en superar las dificultades, manteniendo una dirección que en verdad tenga sentido para tu felicidad y eso sólo depende de ti, porque todo lo bueno comienza en uno mismo.

 

 

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